Cuatro hermanas nombradas alcaldesas.
Cuando «las cuatro Marías» tomaron el bastón de mando: Fiestas de Agosto, 1975
📜 Documento rescatado de la hemeroteca nacional (Agosto de 1975)
La historia de Cantalejo está llena de momentos donde la devoción, la tradición y el carácter briquero se cruzan de formas insospechadas. Hoy sacamos a la luz un recorte de un periódico nacional que, en el verano de 1975, dedicó sus páginas a un acontecimiento insólito en nuestro balcón municipal.
A diferencia de otras localidades segovianas como Zamarramala, donde es tradición secular que el bastón de mando recaiga sobre las mujeres por Santa Águeda, en el Vilorio este traspaso de poder ocurrió de manera excepcional en plenas Fiestas de Agosto.
Una promesa a la Virgen del Pinar
La crónica de la época, firmada por la periodista Isabel Montejano, relata una historia profundamente emotiva. Las abuelas de Cantalejo abrieron las viejas arcas que olían a tomillo para sacar refajos de siete vueltas, manteos y corpiños para vestir a cuatro hermanas: María Juana, María Montserrat, María Cruz y María Esther.
¿El motivo? Según documenta el texto original, la madre de «las cuatro Marías» hizo a la Virgen del Pinar la promesa de que sus cuatro hijas la servirían como mayordomas, después de que una de ellas se salvara milagrosamente de una gravísima enfermedad. Cuando les llegó el turno de recoger el «palo» de la Virgen, el propio Ayuntamiento, liderado entonces por el alcalde Don Emilio Zamarriego Monedero, decidió dar un paso más allá ante la simpatía de las jóvenes.
«La Corporación pensamos… ¡Mira qué chicas tan majas, tan cantalejanas y tan saladas! Vamos a proponerles que este año sean alcaldesas, las cuatro. Y se lo dijimos y les pareció muy bien.»
— D. Emilio Zamarriego Monedero (Agosto de 1975)
Con el beneplácito de las peñas y la juventud del pueblo, las cuatro hermanas (que trabajaban en talleres de costura y comercios) fueron nombradas de forma honorífica y simbólica «Alcaldesas de las Fiestas», subiendo al balcón de la Casa del Concejo con sus monteras para presidir los actos y los festejos taurinos.
❓ El Misterio Inverso: ¿Dónde están hoy?
En la mayoría de fotografías buscamos los nombres de los rostros, pero aquí tenemos la historia completa y las identidades exactas de «las cuatro Marías». Lo que le falta a este archivo es el presente. ¿Sigue viviendo esta familia en Cantalejo? ¿Alguien conoce hoy a María Juana, Montserrat, Cruz o Esther, o a sus descendientes? Si tienes información sobre ellas o recuerdas aquel pregón de 1975, cuéntanoslo en la caja de comentarios de abajo para cerrar el círculo de esta historia.
NOTA DE ARCHIVO: Texto transcrito y adaptado a partir de un documento original de la hemeroteca nacional de 1975. Si usted o su familia protagonizan esta noticia y desean contactar con el archivo, pueden hacerlo a través de nuestros canales oficiales.

CUATRO HERMANAS NOMBRADAS ALCALDESAS DE LAS FIESTAS, EN EL PUEBLO SEGOVIANO DE CANTALEJO
Un día al año mandan las mujeres siguiendo una tradición que se remonta a varios siglos
Las abuelas de Cantalejo, un simpático pueblo de la provincia de Segovia, abrieron las viejas arcas que huelen a tomillo y romero y sacaron los refajos de siete vueltas, los manteos, corpiños, calcetas blancas, cruces, corales y relicarios, para que se vistieran las cuatro hermanas —María Juana, María Montserrat, María Cruz y María Esther— y pasearán su gracia castellana, por el lugar, hasta ser solemnemente nombradas alcaldesas en la casa del Concejo. Las abuelas de Cantalejo recordarían, sin duda, otros tiempos ya lejanos en que eran ellas las que lucían el palmito.
Por toda la provincia segoviana es costumbre esto de nombrar, para las fiestas, alcaldesas o regidoras; incluso en Zamarramala no es que sea costumbre es que es tradición. Y un día al año las mujeres mandan, y mandan bien, como es natural.
—¿También en este pueblo es costumbre antigua?
—No —me dice el señor alcalde, don Emilio Zamarriego Monedero—. Aquí se establece desde el año mil novecientos sesenta y nueve. Este año han sido, excepcionalmente, cuatro, y las cuatro hermanas y por una circunstancia muy emotiva. La madre de «las cuatro Marías» hizo a la Virgen del Pinar, Patrona del pueblo, la promesa de que sus cuatro hijas, una de las cuales estuvo gravísima y se salvó milagrosamente, la servirían. Es costumbre en Cantalejo que cada año la Virgen tenga cuatro mayordomas, de diferentes familias cada una. Pero estas hermanas, cuando les tocaba, iban dejando pasar «la vez», hasta que este año y pidiendo por favor a otra a la que le correspondía serlo que les dejase el «palo» de la Virgen, ellas cuatro fueron las mayordomas.
Entonces la Corporación pensamos… «¡Mira qué chicas tan majas, tan cantalejanas y tan saladas! Vamos a proponerles que este año sean alcaldesas…, las cuatro.» Y se lo dijimos y les pareció muy bien.
Se reunieron las «peñas» y la Juventud del pueblo; ellas se pusieron la mar de guapas, y del brazo de los cuatro concejales de la Comisión de festejos subieron al balcón de la Casa del Concejo. Los concejales, solemnemente, les pusieron las monteras.
—¿Qué hacéis?
—Trabajamos las cuatro —me contesta una de ellas, no sé cual de las cuatro Marías—. Aunque no por gusto tuvimos que irnos a Madrid. Las dos mayores trabajan en un taller de costura; María Cruz, en un supermercado, de cajera, y yo, que soy la más chica, en un comercio.
—¿Cuánto os dura la Alcaldía?
—Hasta el año que viene, por las fiestas de agosto.
—¿En qué consiste vuestro deber como alcaldesas?
—En presidir todos los festejos, tanto los deportivos como los taurinos y en «regir», aunque simbólicamente, los destinos del pueblo en estos días.
—Es decir que no tenéis mando…
—No se lo da la Ley —interviene el alcalde—, pero estoy seguro de que serían unas alcaldesas estupendas.
—Supongamos que un día, una de vosotras, y ahora que es tan frecuente, sois alcaldesa, pero de verdad de la buena, de Cantalejo. ¿Qué reformaríais de lo que ha hecho el actual regidor?
— ¡Nada! —contestan unánimemente—
Y luego…
— ¡Si es muy majo don Emilio!
— ¡Y muy cantalejano!
— ¡Y muy «salao»!
En justa correspondencia a los piropos que antes les ha dicho él. Jóvenes, alegres, simpáticas y con unas ganas tremendas de vivir y de sonreír, las «cuatro Marías» se han ido corriendo porque los toros van a empezar y tienen que presidir. Las abuelas las ven pasar con sus trajes y sus joyas, detrás de los visillos. Y una, que allá en sus años mozos bailó lo suyo en la plaza, suspira…
—¡Ay…, quién tuviera veinte años!
Cantalejo debe ser el único pueblo donde cuatro mujeres se han puesto de acuerdo.
— Crónica de la época (1975)