El esfuerzo titánico de nuestros abuelos trabajando la madera no solo llenó de pan las mesas, sino que también vistió a nuestro pueblo de una belleza monumental que hoy nos enorgullece. Pasear por Cantalejo es leer nuestra historia escrita en piedra.
El Gran Faro Espiritual
Nuestro gran faro espiritual es la imponente Iglesia de San Andrés, un templo que nació pequeño y románico, pero que gracias a la riqueza y la fe de los antiguos artesanos creció hasta convertirse en la maravilla luminosa y grandiosa que domina el cielo de nuestra ciudad.
La Guardiana del Pinar
Pero si hay un lugar que pellizca el corazón de cualquier cantalejano, es la Ermita de Nuestra Señora del Pinar. Levantada en plena naturaleza, sobre lo que un día fue un místico cementerio visigodo en el paraje de la Laguna China, esta joya de ventanitas románicas es la guardiana silenciosa de nuestros pinares y el hogar de nuestra patrona.
Orgullo Cívico y Libertad
Y no nos olvidamos de nuestro orgullo cívico. Allá por el año 1641, cuando Cantalejo por fin compró su libertad para convertirse en una Villa independiente, nuestros antepasados levantaron un rollo y una horca de piedra. No eran simples adornos, sino el grito en piedra de un pueblo que le decía al mundo:
«Aquí, nosotros somos dueños de nuestro propio destino.»